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AQUEL MATERIAL ESCOLAR

AQUEL MATERIAL ESCOLAR (7)

Miércoles, 04 Octubre 2017 20:22

NUESTRO PRIMER PEGAMENTO.

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   IMEDIO, UHU, SUPERGEN, LOCTITE...

   Imprescindible al comienzo del curso escolar. El pegamento nunca podía faltar en la compra del material escolar a principios de curso. Desde finales los años 60 y principios de los 70 surgieron con mucha fuerza una serie de pegamentos adaptados al uso escolar que arrinconaron a las colas de pegar y goma arábiga (Pelikan, Ebro...) que se vendían hasta la fecha en las papelerías. 

   Sin duda fueron dos las marcas más extendidas y que prácticamente coparon el mercado. Nos referimos a la clara vencedora, pegamento Imedio y a su inmediato perseguidor, la alemana UHU, la del buho. Imedio era a los pegamentos escolares lo que Bic a los bolígrados, Alpino o Plastidecor a las pinturas de colores, Noris a los lápices, Sam a las libretas o Milan a las gomas de borrar. Imedio era realmente el apellido de Gregorio, un inquieto manchego que tuvo la genial idea de crear un pegamento en plena España de la posguerra (1944). A partir de entonces fue creando una marca y unos productos que se hicieron presentes en la vida de los estudiantes españoles. El pegamento se presentaba en 3 tamaños según las necesidades de cada uno: pequeño, mediano y grande. Aunque creó varias gamas de pegamento (banda roja, banda marrón), el que más éxito tuvo sin lugar a dudas fue el de la banda azul.

   Y apoyando al producto creó una publicidad paralela que se hizo muy conocida y logró mucho éxito durante años. Era el eslogan "¿Se rompió?. ¡¡¡No importa!!!. El remedio: pegamento Imedio, lo que reforzaba el mensaje de pegamento potente. Y sin duda recordaréis los calendarios de bolsillo con esta publicidad. Editados por Heraclio Fournier (el de los naipes). A todo color, con mucho humor y con dibujos en los que incluso se dibujaban situaciones inverosímiles: el portero al que un balonazo destroza el poste de la portería, el esquiador al que se le rompe el esquí en un descenso, el de la torre inclinada de Pisa, el dentista que extrae al paciente la muela que no corresponde, la rueda de la carreta que se rompe, el pirata al que se le quiebra la pata de palo, el señor al que se le ha separado la cabeza del resto del cuerpo...

   Dicen que el pegamento es tóxico pero en aquellos años de mi infancia se le daba a veces otro uso que no era el escolar: se dejaban secar gotas de pegamento y después podía utilizarse como chicle, hay quien lo utilizó a modo de regueron de pólvora para quemarlo o gastar bromas bastante pesadas como dejarlo recién sacado del tubo en la silla del algún compañero... que salvajes fueron los año 70. Y mucho cuidado con que se pegase a la ropa porque era imposible eliminarlo antes de llegar a casa para que tu madre no lo viera.

   Al margen de este tipo de pegamento recuerdo el de color blanco. También se utilizaba para manualidades aunque era menos fuerte que el anterior y tal vez más indicado para preescolar y primeros años de la EGB. Algunos recordaréis la marca Loga o también Imedio. 

   Pero para  un uso más exigente estos pegamentos se quedaban cortos. Para otras manualidades más elaboradas y exigentes en la que utilizábamos cartón, plástico e incluso madera teníamos que trabajar con algo más potente. En estos casos el pegamento de mayor uso y éxito fue el Supergen con tubos más grandes que los escolares. Lo bueno del Supergen es que también podía servir para la chapuzas caseras por lo que era un pegamento que siempre se tenía en casa. Y sin Supergen no fuera suficiente surgió el pegamento que PEGABA TODO literalmente: el Super Glue de Loctite aunque su uso era muy puntual había que tener mucho cuidado por su potencia e inmediatez. La curiosidad infantil era demasiado grande y muchos dedos se quedaron pegados con el consiguiente susto de los padres.

   Ya a principio de los 80 otro tipo de pegamento comenzó a discutir la hegemonía del pegamento líquido. Aparece el stick o pegamento de barra. Al principio llamó mucho la atención porque se parecía a un pintalabios. Pero enseguida se extendió su uso. Funcionaba perfectamente para manualidades no complicadas y con la ventaja añadida de que no se derramaba, no manchaba ni estropeaba la ropa ni cualquier otro objeto con lo que era ideal para su uso por los más pequeños; además su precio era muy asequible para todas las economías. Y quién se llevó el gato al agua fue Pritt que prácticamente copó el mercado a pesar de los intentos de Imedio y su pegamento de barra. La marca que fabricaba Pritt era Henkel, la empresa de detergentes alemana que tan presente estaba en nuestros hogares con productos como Dixan, Persil, Perlan, Tenn, Mistol o Wipp Express.

    Seguro que tenéis muchas anécdotas relacionadas con el pegamento, es que de pequeño el poder de pegar cosas tenía una atracción irresistible.

   

   

Martes, 18 Julio 2017 18:42

NUESTROS PRIMEROS CUADERNOS Y LIBRETAS.

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   SAM, CENTAURO, ANCLA, ENRI, GUERRERO, UNIPAPEL, BUSQUETS...

 

 

   Eran de lo más importante de nuestro material escolar. Tanto libretas como cuadernos eran la base sobre la que íbamos a trabajar durante todo el año. Servían para la mayoría de las asignaturas. Cuadriculados, de una raya, doble pauta. Dependía totalmente de los profesores su compra. Normalmente los cuadriculados (de 4 mm) para matemáticas por eso de que se adaptaban mejor a los diagramas, divisiones, multiplicaciones, etc, de doble pauta o doble raya para lenguaje y de una raya para sociales y naturales. Para preescolar se utilizaban los de cuadrícula más grande (de 6 mm y 8 mm).

   También fueron evolucionando con los años desde aquellos primeros en los  50´s y 60´s tan sosos en los que solamente figuraba la palabra "cuaderno" con la portada de un único color y en el reverso con las tablas de multiplicar o el horario escolar hasta ya bien entrados los 70´s en los que se busca un mayor atractivo y en los que comienza a existir una mayor competencia entre las marcas fabricantes. Esto se traduce en un gran colorido en las portadas (abandonando aquellas de solamente 2  tintas) y la inclusión de motivos que puedan captar la atención de los escolares de la época. Las marcas optan por la reproducción sobre todo de las series de dibujos animados que triunfaban en televisión (Mazinger, los Mosqueperros, Willy Fog...).

   La principal diferencia entre cuadernos y libretas era que los primeros disponían de menos hojas (32 era el estándar) y estaban pegadas o mayoritariamente grapadas. Las libretas, en  cambio, tenían generalmente 80 hojas y estaban unidas por un alambre, por eso también eran conocidas por libretas de espiral. En casos concretos y en marcas como Enri conocidas por su calidad de fabricación el número de las hojas se elevaba a 100 y su gramaje era mayor por lo que tranmitían esa sensación de robustez. El tamaño habitual era de cuartilla o cuarto y estaban muy extendidas las de tamaño folio aunque estas eran  más utilizadas en BUP/secundaria. 

   Los  fabricantes con mayor éxito y que coparon la mayor parte de las ventas de cuadernos fueron Sam y su legendaria serie de animales: cóndor, cocodrilo, carpa, llama, jirafa, oso pardo, avestruz... y así hasta 40 diferentes. Recordaréis que el fondo era de color salmón, los dibujos eran de tinta negra. en la portada en la parte inferior, dentro de una orla, se veía escrito "Para uso de___________________". Y en el reverso del cuaderno una explicación de las características del animal y de su hábitat. Una obra  de arte. De esta misma marca ya en  los 70´s otros éxitos fueron los cuadernos de la  abeja Maya, Orzowei, Mazinger, muñecos deportistas, Ruy el pequeño Cid, muñecas...

   El principal competidor de Sam fue sin duda la papelera Centauro. Tal vez su mayor éxito ha sido el de los cuadernos de la serie "Fauna Ibérica" dirigidos nada más y nada menos que por el gran Félix Rodríguez de la  Fuente (oso  pardo, águila, buitre, pelícano, lobo, lince ibérico...) a la que siguió la serie de fauna africana.  Estos ya eran a todo color y con fotografías. Al igual que la marca Sam, en el reverso figuraba una breve explicación del hábitat y características de los animales con una foto de Félix y su firma. Centauro vendió además con gran éxito las series de cuadernos de Marco, Heidi, Snorkels y Atari (Pac-man, Asteroids). Muy pocos padres no sucumbían ante la presión de sus hijos aunque tuviesen que pagar un poco más para conseguirlas.

   La marca Unipapel tuvo también un cierto éxito con las series Bólido en la que se reproducían coches de Fórmula 1 como si fueran el negativo de una fotografía a 2 colores. Y tal vez la más conocida de esta marca y la que tuvo más éxito: la de personajes de Walt Disney.

   Otras marcas míticas fueron Papelat, Guerrero con la figura de un yelmo y fondo de un color, Ancla con el detalle de la misma en negro y una raya del mismo color atravesando en vertical la portada de la libreta siendo el fondo de la misma de varios colores muy vivos y logrados, Unipapel, Pacsa, Busquets y su estética exquisita (acordaos de la serie tarta de fresa), Papyrus. Miquelrius y Enri siempre sinónimo de calidad.

    Y para terminar, las libretas de música o pentagramas. No podían faltar en el material escolar aunque normalmente siempre servían de un año para otro. La asignatura de Música no era de las más intensivas en su utilización.

    

 

 

   Los que estudiamos en los 80´s y cursamos la asignatura de Dibujo Técnico tuvimos que pelearnos con estos artilugios. Pelearnos porque era muy fácil mancharnos de tinta, estropear el dibujo que estábamos haciendo o mucho peor, cargarnos la punta del estilógrafo. ¡Upps!. A ver cómo se le decía a tus padres que se había roto la punta y que tenían que soltar una pasta para comprar otra nueva.

   Porque una gran parte del presupuesto de material escolar se lo llevaban estos elementos de precisión germana. En una época en la que no sobraba el dinero, el tener que comprarlos sueltos o en estuche era muy, muy caro. Por lo general estaban disponibles en estuches de 3 piezas aunque también se vendían aunque en menor medida con 2 o 4 piezas. El ahorro era importante, no compensaba comprarlos individualmente. 

   No sé por qué pero desde siempre en España se le llamaron genéricamente "rotring" a todos los estilógrafos. Tal vez porque fueron los primeros. Y por supuesto, tanta precisión y calidad sólo podía fabricarse en Alemania. Las 3 principales y únicas marcas lo eran: Rotring, Staedtler y Faber- Castell. Aunque Rotring fue la pionera y la que se dió el nombre al restos de estilógrafos, la marca Staedtler consiguió rápidamente el liderazgo en todo tipo de artículos de dibujo técnico. Fueron los estilógrafos más vendidos con diferencia. Acordaos de la serie Marsmatic. La marca Faber Castell tuvo una importancia más testimonial que las otras 2.

   Se podía decir que eran modulares. El estilógrafo se componía de varias partes: el depósito de tinta que era un cartucho de plástico transparente con forma de cilindro que se podía recargar, una pieza de plástico alargada donde encajaba la punta, la cual también era independiente. La punta era el alma mater y la parte más compleja y delicada del estilógrafo; una pieza de plástico recubría y protegía la punta metálica y dentro de ella teníamos un cilindro de metal que terminaba en un fino alambre que encajaba en la punta misma y que era el encargado de realizar los trazos. Si se rompía cualquiera de estos dos elementos el estilógrafo quedaba totalmente inservible. Como recordaréis, cuanto menor grosor tenía la punta más delicada era.

   El grosor de la puntera era variable. Inicialmente los más utilizados fueron los 0,2 mm; 0,4 mm; 0,6 mm y 0,8 mm. También fueron muy utilizados los de 0,25 mm; 0,35 mm; 0,5 mm y 0,7 mm. Dependía de tu profesor. Lo peor era si los tenías de antes o los habías heredado y el profesor no admitía esos números aunque fuese por una diferencia de 0,05 mm y te exigía comprar otros. Increíble pero ocurría.

   Habitualmente al comprarlos en estuche, por lo general, venía con un depósito de tinta china gratis y en algunos por un precio más ajustado podías comprarlos con un compás y/o bigotera incluido. Estos compases eran especiales, venían con un adaptador para poder dibujar con los estilógrafos. Más adelante el adaptador ya se encontraba integrado en el compás. Con este adaptador podías utilizar cualquier compás que tuvieses. También recuerdo las alargaderas por si querías trazar círculos más amplios. Y la bigotera loca que servía para todo lo contrario, para poder dibujar círculos de muy poco diámetro. Se llamaba loca porque giraba sobre si misma sin parar si la impulsabas con los dedos pero hacía unos círculos perfectos sin posibilidad de fallar y estropear el dibujo. Recuerdo de estos compases que eran muy pesados, de un acero excelente y mate pero sobre todo de una gran calidad. Tenían una rueda en la parte superior que servía para reducir o ampliar muy fácilmente con los dedos el radio de la circunferencia que querías dibujar. Y las gomas de borrar especiales, la regla, escuadra y cartabón sin visel (no servía cualquiera). Era el tiempo de las bisectrices, elipses, mediatrices, tangentes...

   Y que sería de los estilógrafos sin la superficie donde poder dibujar: el papel vegetal o cebolla. Se vendía en blocs aunque lo más habitual era comprarlo a demanda. Se vendían por hojas sueltas y tenías que calcular cuantas podrías utilizar para un dibujo concreto. Y no era fácil, dependía de la inspiración del dia. Menos mal que eran baratas. Las recuerdo por 5 ptas. la unidad. Cuando conseguías después de muchos intentos fallidos terminar más o menos dignamente el dibujo te envolvía una satisfacción especial. Acto seguido lo enseñabas a todos el mundo: padres, hermanos, vecinos y gato incluido.

   Y para los estudiantes setenteros, antes de que apareciesen los estilógrafos, había que conformarse con el tiralíneas. Y qué mérito era dibujar con este artilugio. Era de lo más sencillo. Una alargadera con punta hueca donde se tenía que añadir tinta de manera manual y donde el grosor del trazo se calculaba a "ojo" aflojando o cerrando una rueda que se situaba en la punta. Por supuesto recordaréis que aún asi dependiendo de la cantidad de tinta que tenía ese trazo podía variar. Eran los tiempos de los pioneros del dibujo técnico. Eso si, comprar el tiralíneas era de lo más barato y la tinta para recargarlo también: la de la marca Pelikan de toda la vida que se vendía en un tubo de plástico negro con la etiqueta de color amarilla con el logotipo de la marca y que en la base del mismo tenía un pequeño deposito de goma blanda que servía como pequeña bomba para impulsar la salida de la tinta (que tentación era el apretar de más dicha goma). O para los más antiguos el pequeño frasco de cristal.

   Curiosidad: las palabras "rot  ring" significan en alemán "anillo rojo". Todos los estilógrafos de esta marca lo tienen en la parte superior.

   ¿Y tú que experiencias nos puedes contar acerca de los estilógrafos?.

Domingo, 12 Marzo 2017 19:31

NUESTROS PRIMEROS BOLIS.

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  BIC, CORVINA, STAEDTLER, INOXCROM, PAPER MATE...

   Pese a no ser el inventor, el francés Marcel Bich allá por los años 50 democratizó y fabricó en masa un producto muy simple, limpio, duradero, útil, barato, práctico que marcó a los que nacimos en la segunda mitad del siglo XX; el bolígrafo. Y la marca Bic fue la marca que dominó el mercado. Tan importante eran las ventas de Bic que la marca incluso creó un equipo ciclista, aquel con el que Luis Ocaña ganó el Tour de Francia en 1973.

   Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal. 2 escrituras a elegir, Bic, Bic, Bic, Bic. Así decía uno de los anuncios de tv más famosos. Todos teníamos un Bic aunque no recuerdo que nadie agotase la tinta. Antes de eso se utilizaba como cerbatana, rebobinador de  cintas de cassette, se perdía (no importaba, era tan barato que se compraba otro sin incluso sin broncas paternas). El resto de marcas no le hicieron prácticamente competencia a este tipo de bolígrafo. Solamente al principio la marca Corvina y más tarde ya en los años 80 Staedtler consiguió acercarse en número de ventas con su modelo Stick, algo más corto y con un  diseño más moderno, o también el Inoxcrom Sierra, modelo muy cómodo ya que tenía unas líneas de estrías que hacían que se agarrasen muy bien a los dedos al escribir.  

   Otros modelos que adquirieron bastante éxito fueron los bolígrafos de varios colores. Aunque existían bolígrafos de metal de distintos colores fue el fue el Bic 4 colores fabricado en plástico el que consiguió exito inmediato y mayoritario (escribía bastante mejor que los fabricados hasta ese momento). Siguiendo la política de Bic se fabricó el modelo normal y el de escritura fina (de color azul y naranja respectivamente). Cuando salió a la venta a principios de los 70 fue todo un éxito. Que maravilla tener varios boligrafos en 1, que apuntes más coloridos y ordenados podíamos hacer. Aunque también se fabricaron bolígrafos de 10 colores, estos fueron anecdóticos ya que el grosor del bolígrafo impedía una escritura normal y enseguida se cansaban los dedos y la mano. La marca Bic también se especializó en productos prácticos de venta masiva como los encendedores, maquinillas de afeitar e incluso se atrevió con los teléfonos móviles.

   Y fueron surgiendo en los 80`s algunos otro bolis como los Paper Mate que aportaban novedades como la de poder borrar la tinta. Existían 2 versiones. Una de ellas más barata intentaba  hacer competencia a los  bolígrafos Bic Cristal. El público comenzó a aburrirse de los diseños simples que ya llevaban muchos años en el mercado y marcas como Inoxcrom se dedicaron a realizar diseños más novedosos y modernos y así surgió el modelo Rocky que consiguió un número de ventas muy importante y un total éxito. Fabricado en plástico negro con punta retráctil, estaba acabado en varios colores que lo hacían muy atractivo para el público infantil y juvenil (rojo, verde, amarillo y azul). La verdad, consiguieron  un bolígrafo de muy alta calidad y que nunca fallaba. Posteriormente lanzaron el modelo Fancy (exactamente igual que el Rocky) claramente dirigido al público femenino con unos colores muy suaves (gris, morado, rosa, verde, azul celeste). 

   Especialmente curioso (muchos lo recordaréis) era el recambio de Inoxcrom, tan ingenioso que servía además como bolígrafo. 

   En un escalón superior figuraban los bolígrafos de metal. Más lujosos y más caros. En todas las casas siempre había alguno. Destacaron marcas  como Parker (si, ese que tenía forma de flecha en el capuchón), Paper Mate, Cross y los top como Sheaffer, Mont Blanc o Waterman. Según su publicidad Paper Mate era el bolígrafo "con corazón" no porque tuviera buenas intenciones, sino porque era el único (y era verdad) que podía escribir boca arriba. Cuando salió todos nos dimos cuenta que el resto de bolígrafos no podían hacerlo. Aunque esta característica no servía para mucho le aportó una gran publicidad a la marca a mediados- finales de los 70`s.

   Y un espacio especial en nuestros corazones fueron los estuches de bolígrafos de  primera comunión. Por supuesto, metálicos total o parcialmente (la mitad inferior podía ser de plástico normalmente de color azul marino, granate o también negro y verde). Había para todos los gustos. Desde bolígrafos sólo o el clásico juego con estilográfica, rotulador o con portaminas. El rey de las ventas fue, sin duda  la española Inoxcrom que dominó el mercado  debido a su relación calidad- precio aunque el clásico Parker no se regalaba menos.

   Ya a finales de los 80´s y los 90´s una parte del mercado de los bolis fue absorbida por los rotuladores. Estos evolucionaron imitando a los bolígrafos. El avance más importante de los rotuladores fue conseguir una punta metálica (hasta entonces la punta era de fibra) con lo que se conseguía una escritura mucho más apta para escribir durante mucho tiempo sin que se esta se desgastase. Así surgieron los Roller. Realmente era un bolígrafo con tinta de rotulador. Desde entonces ambos artículos conviven aunque sigue siendo el bolígrafo el preferido por la mayoría.

    

Sábado, 17 Septiembre 2016 22:54

AQUEL MATERIAL ESCOLAR: LAS GOMAS DE BORRAR

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   CUADRADA, DE NATA, GIGANTE, DE BOLI/LÁPIZ, DE LENGUA DE GATO...

 

  Y la marca que tenía el anillo único para gobernarlas a todas: MILAN. Si hay una marca que todos tenemos guardada en el recuerdo es esta. La goma de borrar más vendida en España en toda su historia por esta empresa originaria de Girona y fundada en  1918, fue sin duda la 430. Si, es la goma de forma cuadrada que todos tenemos en mente, la que solamente se fabricaba en colores rosa, verde y blanco, la más barata, la que siempre nos compraban nuestros padres pese a nuestras protestas porque queríamos otras con más glamour, la que no nos importa someter a todo tipo de experimentos, aquella goma que si se perdía (lo que ocurría a menudo) no importaba, debía ser el único objeto que si lo extraviábamos y/o perdíamos no recibíamos ni broncas ni regañinas. Buena compañera esta goma de borrar, la maltratábamos, la humillábamos, la mutilábamos con el cutter, la mordíamos, la acuchillábamos con  el lápiz superafilado o con la punta del compás como si estuviésemos rodando la misma Psicosis de Hitchcock, la utilizábamos como munición para las cerbatanas... pero no podíamos vivir sin ella. Siempre fiel pese a todo. 

    Pero cuando desaparecía nuestra personalidad de Mr. Hyde y se manifestaba la más tranquila del Dr. Jekyll podíamos ser incluso hacendosos. ¿Quié no ha  borrado toda la superficie del pupitre?. Comenzábamos por una esquina y cuando veíamos el efecto tan bueno logrado no podíamos parar hasta el final. Ese era el momento en el que lográbamos una comunión espiritual total con la goma de borrar, éramos un sólo Ser.  La 430 era la mejor.

   ¿Realmente alguien con apariencia humana ha sido capaz alguna vez de gastarla toda hasta el final?. ¿Existe esa persona?. Si conocéis alguna no lo digáis. Seguro que habrá alguien que quiera capturarla para someterla a profundos estudios científicos.

   Junto con la 430 la más famosa ha sido la goma de nata. Milan la fabricó con 2 formas. La más conocida que tenía forma rectangular y con una línea verde o roja en el centro de la goma y la que era de forma cuadrada envuelta en un celofán de color rosa. La goma de nata era la preferida por muchos de nosotros. ¿Os acordáis de su olor?. Pura delicia para los sentidos sobre todo para el del olfato porque el sabor no era equivalente a su olor. Sin duda este es uno de los olores más característicos de nuestra infancia.

   También recordaréis la Milan gigante. Ocupaba toda la mano. Era tan grande como poco operativa. Era más como algo pintoresco, gracioso. Era la frikie de las gomas. Otra goma era la de lengua de gato tenía forma ovalada y con superficie más suave, especial para corregir dibujos delicados o en los que se utilizaban sombreados ya que estaba terminada sin aristas. Pero la que mejor borraba de todas ellas, también la más cara, era la goma plástica de la marca Staedtler, la de los lápices que todos teníamos. No machacaba el papel, era suave pero firme, pura efectividad alemana.

   Lás gomas de borrar utilizadas de forma masiva eran las gomas para lápiz, pero también existían las de borrar bolígrafo. Normalmente se fabricaban mixtas para lograr mayor versatilidad. La mitad (o algo más) era para borrar lápiz y la otra mitad para borrar tinta. De todas formas, el intentar borrar tinta era infinitamente más complicado. Era muy fácil borrar la tinta. Lo difícil era no destruir el papel. Lo mismo ocurría cuando utilizábamos las gomas plásticas para borrar tinta de los estilógrafos (Rotring) en el papel vegetal o cebolla.

   Otras marcas de gomas eran las Faber- Castell, Factis, Pelikan, Centauro (la marca de las libretas).

   Lo dicho, imprescindibles, Aunque era la pariente pobre de los estuches o plumieres no podíamos pasar sin ella, por eso desde aquí queremos darle el homenaje que se merece. La queríamos y la necesitábamos.

 

 

 

   EL MÉTODO DE APRENDIZAJE DE LECTURA MÁS EXITOSO UTILIZADO POR MILLONES DE NIÑOS.

 

   Durante los años 60, 70 y 80 millones de niños españoles aprendieron a leer con este método ideado por Antonio Paláu Fernández (La Bañeza- León, 1914-2001), polifacético personaje (pedagogo, escultor, pintor, ensayista). Ideó un revolucionario y sencillo método para que aprender a leer fuese mucho más fácil, el método fotosilábico. Consiste en asociar imágenes y dibujos que los niños pueden identificar fácilmente con sílabas, consiguiendo de esta manera una permanente y mayor rapidez de aprendizaje de las palabras escritas. En 1954 por medio de una orden ministerial el Ministerio de Educación y Ciencia autoriza el método de Paláu para su utilización en las escuelas españolas como método de lectura.

   Se editaron 4 números reducidos a 3 posteriormente, las famosas cartillas, con una dificultad que crecía en cada una de ellas hasta formar frases más complejas. Se comenzaba con las vocales, las mayúsculas y minúsculas, siguiendo con las primeras y más sencillas sílabas (ma, me, mi, mo, mu). El tipo de letra comenzaba con el estilo cursiva imitando la de los niños pasando posteriormente a las letras de imprenta. Al contrario que otros métodos más memorísticos, el de Paláu enseguida consiguió un gran éxito. Tal fué éste que otros paises europeos (Portugal, Francia, Alemania) y latinoamericanos lo adoptaron para sus escolares.

   Fue editado por la más importante editorial de libros de texto de la época (con permiso de Santillana), la editorial Anaya a la que le supuso grandes ingresos. Los padres se lo compraban tanto a los niños que tenían dificultad para aprender con otros métodos como en los casos en los que querían que sus hijos aprendiesen a leer anticipadamente. El precio de la cartilla claramente asequible y sus magníficos resultados hacían que no tuviese casi competencia.

   Sin duda recordaréis también otras cartillas que, aunque no tuvieron tanto éxito como Paláu fueron muy utilizadas en su momento. Por ejemplo, el silabario Disney editado por Susaeta Ediciones en 1971 siguiendo también el método fotosilábico aunque tomando como referencia la primera letra, no la sílaba e ilustrado con los personajes más famosos creados por Walt Disney (Donald, Mickey, Goofy...). Se sigue editando en la actualidad.

   Otra cartilla fue Amiguitos, editada por la histórica editorial burgalesa Hijos de Santiago Rodríguez. Constaba de 3 cartillas de lectura y 12 cuadernos de escritura. O la cartilla Rayas creada a principios del siglo XX por el maestro nacional extremeño Ángel Rodríguez Álvarez defensor en su época de enseñar simultáneamente lectura y escritura, algo inaudito aunque actualmente nos parezca de los más normal. Y cerrando este artículo nos referiremos a Micho, la cartilla editada por la editorial vallisoletana Bruño, de gran tradición en la edición de libros de texto, y que constaba de 3 cartillas.

   ¿Cuál fue tu primera cartilla?.

 

Lunes, 11 Abril 2016 23:00

CARTERAS PERONA.

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    ¡QUE MOLONAS!

   

   Allá por 1980 una marca que se llamaba Perona revolucionó el mercado de las carteras escolares (las mochilas no se generalizaron hasta años después y solamente se utilizaban en las excursiones escolares y en las acampadas).

    Enseguida consiguieron un éxito arrollador. ¿Qué tenían estas carteras en comparación con otras similares?. En primer lugar un diseño innovador, moderno, con una acertada combinación de colores que conectaba muy bien con toda la chavalada de entonces,  y una clase nunca vista hasta entonces. Los cierres encajaban perfectamente, el material era de un grandísima calidad y los acabados impecables.

   Todo esto implicaba que el precio de estas carteras no estaba al alcance de cualquier bolsillo. El gasto en las fechas de comienzo del curso escolar era muy alto. Mucha presión para los padres cuando sus hijos le pedían que les comprasen "una Perona". Poco a poco la marca fue ampliando la gama de productos introduciéndose en la fabricación de estuches escolares. ¿Os acordáis del estuche tornillo?. Era eso, un estuche para guardar pinturas, gomas, afilas y demás material, hecho de plástico y con la forma de un tornillo gigante. Al margen de esta frikada fabricaron otras gamas de estuches "más normales".

 

   Otro detalle fundamental por el que destacaba este producto y que su departamento de marketing supo transmitir a los pequeños de entonces era que algunos modelos (soltar aún más pasta, padres) venían con una combinación secreta. ¡ Además de cartera se podía convertir en caja fuerte !. El colmo de la exclusividad, ya nadie podría fisgonear dentro de ella sin tu permiso. Canicas y demás tesoros a salvo.

  Para potenciar el impacto publicitario de esta gama de carteras se emitió un anuncio de tv en el que salía nada más y nada menos que Nicholas Bradford recomendando esta maravilla. Seguro que lo recordáis, era el protagonista de la serie de tv que tenía más éxito en aquel momento (se emitió en Tve desde 1979-1981), "Con 8 basta".

 

   Y vosotros. ¿Habéis sido de los afortunados en disfrutar de una cartera Perona u os tuvisteis que conformar con otras marcas?.