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Miércoles, 20 Julio 2016 00:10

NUESTROS PRIMEROS CHICLES (PARTE 2). AÑOS 60/70.

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   BAZOKA, DUNKIN, BAZOOKA, DUBBLE BUBBLE, ADAMS Y LOS DE BOLA.

 

 

   Además de los Cheiw y los Niña, numerosas marcas de chicles se fabricaron en España o se importaron del extranjero en estos años. El chicle era la estrella de las chuches.

   Uno de los históricos fue la marca Dunkin (mediados de los años 60), fabricados por Gallina Blanca (Avecrem, Sopinstant), con un sabroso sabor a fresa. Como recompensa, gratis con los chicles regalaban figuras de plástico (Lucky Luke, soldados, Astérix, figuras de dibujos animados de la Warrner, los cabezudos), también cromos de Mortadelo y Filemón, los de Kubala enseñando técnicas futbolísticas y también llaveros, juego del saltimbanqui. Todos estos regalos lo convirtieron en uno de los favoritos de los chavales de la época.

   Esta lista la completan otros chicles como Bazoka y Bazooka (se estira y explota). Los 2 pertenecían a la empresa norteamericana Tapps. La diferencia era que la primera marca se fabricó bajo licencia en España desde finales de los años 50. Muchos de vosotros lo recordaréis por su forma redonda y con sus 3 pisos en forma de disco, parecido a un carrete. Su textura permitía hacer chicles muy grandes. Fue sustituido por la otra versión de esta multinacional, el Bazooka (con 2 oes para diferenciarlos). Este último venía con unas tiras de cómic incorporadas en el envoltorio. Su protagonista era Bazooka Joe. También regalaban calcomanías y enviando por correo 25 envoltorios podías formar parte del club Bazooka, recibir una insignia y optar a sorteos.

   Cerrando la lista aparece Dubble Bubble (fabricante también de chicles Niña), un chicle que aunque era más minoritario tenía muchos adeptos. Venían acompañados de historietas cómicas que hacían la delicias de los pequeños. Nombramos también a los de la marca Adams que tenían 2 tipos de chicles diferentes al resto. En esto consiguieron ser muy originales. El primer tipo era de pequeño tamaño, forma cuadrada y de color blanco porque el chicle estaba rodeado de una capa de azúcar que se deshacía en la boca hasta que quedaba solamente el chicle. La caja constaba de bastantes unidades, el problema era que si querías hacer globos debías engullir varios chicles. Su principal y sabor más conseguido era el de menta. El otro tipo tenía forma rectangular, median menos de 1 milímetro de espesor y estaban cubiertos de una capa ligera de azúcar glaseada. Eran más caros que los Cheiw pero tenían un sabor especial. Super blandos, teníamos que tener mucho cuidado al explotar los globos ya que al ser tan fino el chicle era muy fácil que se quedase pegado a todo y que fuera muy difícil eliminar sus restos. Recuerdo como sabores más logrados el de clorofila. Era el único fabricado con este sabor, el de Cheiw aún no había salido al mercado y el de limón.

   Y no podríamos terminar este artículo bajo pena de condena al infierno si nos olvidásemos de los chicles de forma redonda, los únicos que no se vendían en kioscos y sí en máquinas expendedoras automáticas situadas en la calle, eran chicles 24 horas. Por 1 peseta podías comprar uno de ellos. El sabor no era comparable al resto de las marcas, duraba muy poco y era muy duro, pero el poder comprarlo en una máquina bajando una palanca tenía su gracia, al igual que el ir deshaciendo la capa de azúcar de la que estaban fabricados hasta llegar al chicle. Era muy habitual enseñar la lengua y ver que se podía teñir totalmente de color azul, naranja, rojo, verde y todos los imaginables. Las bolas se podían ver a través de una pantalla transparente. Podías apostar con amigos y hermanos el color de la bola que saldría y así ganarla para tí. 

 

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